<$BlogRSDUrl$>

sábado, agosto 05, 2006

El gran Guy de Maupassant 

Este fragmento pertenece a la novela 'Bel Ami' del autor francés de finales del siglo XIX Guy de Maupassant:


>> Llega un día, ya ve, y llega muy temprano para muchos, en el que se acabaron las risas, como suele decirse, porque detrás de todo lo que se mira lo que se ve es la muerte,

>> ¡Oh! Usted ni siquiera comprende esa palabra, la muerte. A su edad, no significa nada. A la mía, es terrible.

>> Sí, se la comprende de repente, no se sabe por qué ni a propósito de qué, y entonces todo en la vida cambia de aspecto. Yo, desde hace quince años, noto que me erosiona como si llevara dentro un animal roedor. La he sentido poco a poco, mes a mes, hora a hora, degradarme como una casa que se derrumba. Me ha desfigurado tan completamente que no me reconozco. Ya no tengo nada de mí, del hombre radiante, fresco y fuerte, que era a los treinta años. La he visto teñir de blanco mis cabellos negros, ¡y con qué lentitud sabia y maligna! Me ha quitado mi piel firme, mis músculos, mis dientes, todo mi cuerpo de antaño, dejándome sólo un alma desesperada, que también se llevará muy pronto.

>> Me ha desmenuzado, la bribona, ha realizado suave y terriblemente la larga destrucción de m i ser, segundo a segundo. Y ahora me siento morir en cuanto hago. Cada paso me acerca a ella, cada movimiento, cada soplo apresura su odiosa tarea. Respirar, dormir, beber, comer, trabajar, soñar, todo lo que hacemos, es morir. ¡Vivir, en fin, es morir!

>> ¡Oh! ¡Ya sabrá usted esto! Con que reflexionase solamente un cuarto de hora, usted la vería.

>> ¿Qué espera? ¿Amor? Unos cuantos besos más, y será usted impotente.

>> ¿Y qué más, después? ¿Dinero? ¿Para qué? ¿Para pagarse mujeres? ¡Bonita dicha! ¿Para comer mucho, volverse obeso y gritar noches enteras con las mordeduras de la gota?

>> ¿Y qué más, después? ¿La gloria? ¿De qué sirve cuando ya no se la puede coger en forma de amor?

>> ¿Y qué más, después? Siempre la muerte, para concluir.

>> Yo, ahora, la veo tan de cerca que a menudo me dan ganas de extender el brazo para rechazarla. Cubre la tierra y llena el espacio. La descubro por doquier. Los animalitos aplastados en las carreteras, las hojas que caen, la cana sorprendida en la barba de un amigo, hacen estragos en mi corazón y me gritan: “¡Ahí la tienes!”.

>> Me estropea todo lo que hago, todo lo que veo, lo que como y lo que bebo, todo lo que amo, los claros de luna, las salidas del sol, el anchuroso mar, los hermosos ríos, ¡y el aire de las noches de estío, tan dulce de respirar!

Caminaba despacito, algo jadeante, soñando en alto, casi olvidado de que le escuchaban.

Prosiguió:

- Y nunca un ser regresa, nunca… Se conservan los moldes de las estatuas, las hormas que repiten siempre objetos parecidos; pero mi cuerpo, mi rostro, mis pensamientos, mis deseos no reaparecerán jamás. Y sin embargo nacerán millones, miles de millones de seres que tendrán en unos cuantos centímetros cuadrados una nariz, ojos, una frente, unas mejillas y una boca como yo, y también un alma como yo, sin que yo regrese jamás, yo, sin que siquiera nunca algo reconocible de mí reaparezca en esas criaturas innúmeras y diferentes, indefinidamente diferentes, aunque casi similares.

>> ¿A qué aferrarse? ¿Hacia quién lanzar gritos de desamparo? ¿En qué podemos creer?

>> Todas las religiones son estúpidas, con su moral pueril y sus promesas egoístas, monstruosamente idiotas.

>> Sólo la muerte es cierta.

Se detuvo, cogió a Duroy por las dos puntas del cuello de su sobretodo y, con voz lenta:

- Piense en todo esto, joven, piense en ello durante días, meses y años, y verá la existencia de otra forma. Intente desprenderse de cuanto lo encierra, haga el esfuerzo sobrehumano de salir en vida de su cuerpo, de sus intereses, de sus pensamientos y de la humanidad entera, para mirar a otra parte, y comprenderá cuán poca importancia tienen las querellas de románticos y naturalistas, y la discusión del presupuesto.

Reanudó la marcha con un paso más rápido.

- Pero también sentirá la espantable angustia de los desesperados. Se debatirá, enloquecido, ahogado, en la incertidumbre. Gritará << ¡auxilio! >> hacia todas partes y nadie le responderá. ¡Extenderá los brazos, llamará para ser socorrido, amado, consolado, salvado! Y nadie acudirá.

>> ¿Por qué sufrimos así? Es porque sin duda habíamos nacido para vivir más según la materia y menos según el espíritu; pero, a fuerza de pensar, se ha creado una desproporción entre el estado de nuestra inteligencia dilatada y las condiciones inmutables de nuestra vida.

>> Mire a los mediocres: a menos que caigan sobre ellos grandes desastres, se hallan satisfechos, sin sufrir con la infelicidad común. Tampoco los animales la sienten.

Volvió a detenerse, reflexionó unos segundos, y después, con aire cansino y resignado:

- Yo soy un ser perdido. No tengo padre, ni madre, ni hermanos, ni mujer, ni Dios.

Agregó tras un silencio:

- No tengo sino la rima.

Después, alzando la cabeza hacia el firmamento, donde brillaba la pálida cara de la luna llena, declamó:

Y yo busco la clave de este oscuro problema

En el cielo vacío con sus astros de cera.

Etiquetas:





Comentarios:

Publicar un comentario



This page is powered by Blogger. Isn't yours?